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Hijo de la noche

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Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 10, 2015 6:26 pm

¿Qué podía haber más hermoso que la noche? Aquella hora del día en la que pocos signos de luz natural se podían dar a presenciar. Un período en el que los nocturnos salen y los diurnos descansan. Depredadores al acecho, presas en alerta. Las estrellas vigilantes mientras que la luna reina ¿Cómo no amar esa hora del día en la que el sol descansa y la luna despierta se encuentra? Saffir sonreía, admirando todo lo que pasaba. Era extraño que en él una sonrisa apareciera, pero ¿Cómo no estarlo con tan bella noche en esa academia?

La suave brisa chocó contra su rostro y le relajó. En el césped se encontraba sin angustias ni problemas, teniendo la presencia de sonidos naturales y no de blasfemias. Le gustaba la naturaleza, mas nada se comparaba a la belleza de las tinieblas.

Que bella noche, perfecta para cualquier poeta —creía no tener a nadie la redonda, así que hablar con su propia persona no era problema. Movió sus brazos a su nuca, oyéndose el suave tintineo de sus numerosas pulseras que movidas por el aire eran—. Solo y sin problemas ¿Qué más puedo desear? Pasaría la noche aquí de no ser por el maldito toque de queda —solo para corroborar sacó su celular y miró la hora; contaba con dos horas más para estarse tranquilo, porque en cuanto dieran las diez con treinta minutos, debería buscar un lugar donde esconderse y estar pendiente de los guardas, o de lo contrario regresar a su habitación ¿Pero quién regresaría con un compañero de cuarto como el que tenía?

El joven bostezó y miró un pequeño mínimo acercarse curioso a él. Aún cuando sintió que su corazón de dio un pequeño vuelco, no hizo nada y permitió que le observara. Suerte la suya de que su presencia a los gatos llamara, pero incapaz de corretearlos al igual que adoptarlos. La mala suerte del joven no hacía más que pasarse ¿Qué culpa tenía un bello gatito? No pensaba darle la muerte a un ser más si es que de trabajo no se trataba.

¿Por qué te acercas minino? ¿No te das cuenta de mi amada bendición? —y lo llamó con una suave sonrisa en el rostro. Acarició su barbilla y deleitó ante su confiado ronroneo—. No tengo comida pequeño —sin duda era extraño que tal faceta de Saffir hiciera acto de presencia, pero justo ahora estaba sucediendo. El hechicero se doblegaba ante un pequeño felino callejero —¿Sabes? —el de hebras azabaches se incorporó con el cabello un tanto despeinado después de haber estado acostado—, tu y yo somos parecidos, mientras tu huyes de humanos yo lo hago de mí mismo —le comentó con melancolía al recordar tales momentos, pero sin mostrarse afectado—. Pelaje negro, conque mala suerte ¿Cuántas pedradas no habrás recibido?

Sin más, lo dejo de acariciar. Aunque se le restregó, Saffir le ignoró —Vamos ya ¿No tienes algo mejor que hacer en vez de andarme jodiendo las pelotas? —pero aún cuando se expresaba con un vocabulario tan digno de él, el comerciante sonreía de forma amistosa. Prefería los animales que cualquier ser vivo pensante—, anda, vete… —la mirada del joven se tornó sombría, pero lo cierto es que solo deseaba evitarle algún momento desagradable a la pobre criatura.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Dom Ene 11, 2015 12:16 am

La luz de la luna se colaba por las ventanas de la academia, iluminando de a trozos el solitario pasillo que me encontraba recorriendo. ¡Cuán espléndida era aquella construcción! Tan imponente y añeja. Con cada paso que avanzaba sentía que los salones me infundían sabiduría, ¿cuántos alumnos habrían participado de sus clases en aquellas aulas? ¡Todo cargaba con una esencia especial! Una esencia que sólo había sido formada a partir de las masas de humanos que habían frecuentado el interior de aquella institución. ¡Me sentía tan a gusto allí! Incluso si el lugar se hallaba desolado debido al horario, a pesar de que los guardias me reprendieran cada vez que se topaban conmigo, pero es que no podía evitar el deambular a pie por tan bellísima estructura.

Subí y bajé escalinatas, hasta que acabé por toparme con la salida del edificio. ¡Pero si la noche era hermosa en el exterior! Mis ojos brillaron al contemplar el manto negro estrellado que era el cielo; aún más cuando una luna redondeada me devolvió la mirada. Sonriendo agité mi mano derecha, saludándola y agradeciéndole por iluminar las tinieblas.

Una pequeña sombra perturbó la inmovilidad de la noche y mis oídos captaron el sonido de patas diminutas al avanzar sobre el asfalto, con algo más de concentración, también oí la respiración de una animalito, el latido de su corazón y el vaivén de su prolongado rabo.
Me giré para encontrar a escasos metros de distancia la figura de un adorable minino de pelaje azabache. Junté mis manos delante de mis labios y solté un leve alarido expresando la ternura que me causaba aquel felino doméstico.

El gato, de improviso, comenzó a correr, alejándose de mí e impidiéndome tomarlo para darle muestra de mi admiración y devoto afecto por ser una de las tantas y maravillosas creaciones del Señor.
¡No podía dejarlo marchar, quería abrazarlo y besar su peluda cabeza! Comencé a correr para alcanzarlo, pero el animal era muy ágil y pronto me hallé exhausto. Me detuve unos instantes arqueando mi espalda hacia el frente y apoyando mis manos sobre mis rodillas, con motivo de recuperar el aliento. ¡No me rendiría! Así que, en cuanto mi respiración se reguló un poco, continué mi persecución, guiándome por el sonido de las patas del felino al posarse sobre el césped.

Pronto llegué al patio principal de la academia y casi pierdo la razón admirando su belleza. ¡Todo! ¡Todo era maravilloso! Las obras del Altísimo eran, sin dudas, las más hermosas.
Pero sacudí mi cabeza disipando aquel pensamiento, debía hallar al gato. Continué mi carrera, oyendo, esta vez, el ronroneo del animal al acicalarse contra algo. ¡No! No era un algo, sino un alguien.
Me aproximé hasta donde se hallaban los dos individuos pero me detuve antes de realizar cualquier movimiento en falso. Sabía que si aparecía de improviso, el felino huiría, algo poco conveniente; a su vez, sentía curiosidad por el otro ser vivo que se hallaba a su lado.

Me aproximé entre las sombras y desplegué las alas blanquecinas que, hasta entonces, se habían hallado ocultas a la vista ordinaria, y me agaché para pasar desapercibido. Entonces escuché que el que se hallaba con el gato era un joven, y que ese chico intentaba espantar al felino. No lo dudé dos veces y me abalancé con las alas entreabiertas en dirección del gato, quien notó enseguida mi presencia y se marchó corriendo para ocultarse entre los arbustos y perderse en la negrura de la noche.

Yo, por mi parte, aterricé de bruces en el césped, justo delante del recostado chico. Me puse de rodillas, frotando mi nariz con el puño de mi playera, que por cierto era cuatro tallas más grande que mi porte, pues la ropa holgada era la única que acostumbraba usar.
Coloqué ambas de mis manos en el espacio formado entre mis piernas e inflé las mejillas algo decepcionado.
—¡Fallé!

Giré mi rostro, para contemplar al joven. Aquellas facciones tan bien parecidas, su largo cabello azabache y su vestimenta árabe similar a la que utilizaban los hombres en el momento de mi nacimiento. ¡Era otro de los agraciados de Dios! ¡Oh, cuánto le quería!
Me abalancé sobre él, mirándole fijamente a los ojos, con mis brazos alrededor de su cuello. ¡Sus orbes, de un color tan profundo y brillante! ¡Ah! ¿Cómo ignorar tan maravillosa creación del altísimo?
Sin apartarme de los escasos centímetros que separaban mi rostro del suyo, le sonreí con las mejillas coloreadas.
—Eres hermoso...
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Dom Ene 11, 2015 3:33 pm

El lindo gatito se acabó yendo, pero no porque Saffir lo corriera ni nada parecido. Las palabras del joven no habían dado resultados, pero la llegada de un ángel si lo hizo. Los ojos del brujo se abrieron más de la cuenta e incorporó de golpe para cerciorarse de que estuviera bien ¿Quién demonios se lanzaba a un gato en su sano juicio? Frunció el ceño demostrando una mueca acentuadora de su confusión.  Podía ser que ya no tuviera al gato y se hubiera desecho de él, pero ahora tenía un problema de mayores magnitudes.

Después de que el desconocido diera a conocer su frustración con unas acciones nada maduras, (pero no por eso menos curiosas) sucedió algo que detonó el sonrojo de Saffir, y es que el ángel parecía carecer de sentido común, porque como si del minino se tratara, aquel ser divino se abalanzó a su pobre persona. La cercanía de rostros y cuerpos fue suficiente para que las mejillas de Saffir se vieran impregnadas de un ligero tono carmín que, de no ser por la falta de luz artificial o solar, habría sido más notorio ¿Pero como no sonrojarse cuando alguien se te tiraba de la nada y de esa manera? De no ser porque quién se le había tirado era un ángel, una de sus mayores debilidades, Saffir ya lo habría aventado hasta quien sabe dónde, y es que, si se ponía a analizar la situación en la que estaba ¿Cómo demonios había acabado con un chico precioso sobre él mientras que le sujetaba del cuello? En su corta vida, eso nunca le había pasado ¡Y para el colmo le dijo que es hermoso! Nervioso y tratando de no demostrar su debilidad hacia lo puro, él brujo se hizo para atrás buscando zafarse de aquel que le veía.
Inclusive tenía las alas al descubierto. Las manos de Saffir se vieron aferradas al césped con fuerza suficiente para arrancar un poco de la verde flora.

Gra… Gracias —¿Hermoso él? El verdadero hermoso era quien estaba posicionado sobre su cuerpo e invadía tal acosador su espacio personal. Los ojos aqua del chico le miraban con un asombro que él azabache no sabía interpretar ¿Cómo habría que reaccionar ante una situación así? Tragó un poco de su propia saliva y pareció suspirar para sus adentros—. No deberías lanzarte así a cualquiera —se estaba esforzando por mantener la compostura ¿Quién diría que un mercenario descrito como cruel, acabaría nervioso y sin saber qué hacer ante la presencia de un alma bella y pura?

Sin embargo, no tuvo que pasar más de medio minuto para que los brazos del azabache se movieran, aunque un tanto temerosos, en contra de los brazos contrarios, pero pareció hacerlo solo para darse cuenta de lo suave que era su piel, tanto que se impresionó.

Es incómodo —tal vez no estaba realizando el mejor trabajo al momento de mantener la compostura tan usual y vale madrista de él. El mercenario no estaba teniendo nada de eso, sino que se estaba mostrando inseguro e incluso titubeante al intentar recuperar su espacio vital—, anda, apártate —bien, debía mostrarse decidido. Tomó las muñecas del contrario y las alejó de su cuello, buscando pararse para que así el otro se viera obligado a levantarse, y por ende, a dejarlo en paz. Las pulseras del otro se movieron, realizando el característico sonido de la joyería, chocando un artefacto en contra del otro—, y te ayudaré a encontrar el gato si eso deseas, pero quítate ya.

Esperaba no meterse en un pequeño lío con esa última proposición porque capaz y acababa en cuatro patadas buscando un condenado gato negro. Aparte, no sabía si se debía al hecho de que estaba en frente de un ángel, pero el brujo no tenía deseos de huir de su presencia. Se sentía en calma, casi como si el de blancas alas fuera poseedor de un hechizo hipnotizador y atrayente. No sabía que era, pero quería seguir a su lado unos momentos más.

No obstante, una sonrisa ladina se asomó por sus labios de manera sigilosa con la que todo signo de nerviosismo se esfumó. Tenía una idea, una grandiosa idea. Debía conseguir una de esas bellas plumas de ángel, y si podía, unas de más. La cantidad de pociones que podría hacer con ellas; al final no era tan malo después de todo haberse topado con ese lindo ángel. Podía ser que en un movimiento en falso se desprendiera una de sus alas y Saffir, atento, la tomaría con fines que solo él y nadie más conocía. Que gozo estaba sintiendo.

Así que, antes de que él joven se levantara, el brujo tomó al ángel y casi lo obligó a permanecer sobre su cuerpo, pero solo para asegurarse de que no se llegara a escapar, los brazos del otro se posicionaron sobre la cadera del ángel, mas no tocó de más. Vamos, quería una pluma pero no por eso iba a acosarlo. Sería respetuoso, especialmente cuando se trataba de alguien que infundía esa tranquilidad y pureza.
Perdón, fui grosero, mejor quédate un poco más.—Pareció canturrear, lo cierto es que su noche había mejorado en cuestión de segundos, así que hablar en ese tono cantarin justificado estaba.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Dom Ene 11, 2015 11:15 pm


—Oh, por nada, pastelito.— Sonreí con dulzura, inclinando levemente mi cabeza hacia la izquierda. Pero su advertencia le devolvió seriedad a mi rostro, pronto mis cejas se arquearon y mis ojos brillaron en símbolo preocupación. ¿Por qué se me impedía abrazar a aquellos a quienes quería infundir mi amor? ¿No debería de sentirte feliz aquel joven por ello?

Sus frías manos tocaron mis brazos, pero se detuvo instantáneamente. Lo contemplé expectante, sabía que tenía algo para decir, y yo sería todo oídos para lo que quisiera comunicarme.
Sus palabras rompieron mi corazón, mis labios se juntaron y curvaron levemente hacia abajo, dos pequeñas lágrimas de cristal se formaron al borde de mis ojos, atentando con surcar de forma descendente mis mejillas.

Dejé que apartara mis manos de su cuello y las coloqué sobre mi regazo, cabizbajo, sabiendo que mi labio inferior temblaba por retener el llanto. ¿Por qué estaba siendo tan cruel conmigo? ¡Oh! Sabía muy bien que, quizá, le estaba haciendo sentir muy incómodo, pero no podía evitarlo, era una creación tan bella, tan bendecida por el Altísimo.

—Pero el gato escapó, no volverá.— Dije limpiando mis lágrimas con el puño de mis mangas.
Me dispuse a ponerme de pie, pues no quería ser una incomodidad para aquel chico, no buscaba causarle repudio o molestias, me marcharía y le dejaría ser, si había algo que Dios había concedido a los hombres por sobre todas las cosas era la virtud de la libertad y yo no era quien para perturbar a uno de sus hijos.

Sentí un jalón y me vi atrapado entre los brazos del joven de los jardines, me rodeaban por cintura, impidiéndome moverme y proporcionándome cierta calidez.
Sonreí con las mejillas coloreadas y cerré los ojos, aferrándome al pecho del chico, oyendo el latido de su corazón. Pero pronto noté que sus vibraciones no eran normales, algo en él destacaba, su poder, su poder era mayor que el de un humano convencional. ¡No era un ser humano! Quizá lo fuese en apariencia, pero las virtudes otorgadas por Dios habían sobrepasado las de su creación, aquel chico no era simplemente un hijo del Señor, era algo más.
Se me erizó la piel y también las plumas, incluso si no era un humano, su aura no irradiaba la horrorosa sensación de la maldad, era un joven dotado, pero un joven como cualquier otro. Abrí los ojos y sonreí entre sus brazos, rodeando nuestros cuerpos con mis alas.
—Estás perdonado, aunque no creo que hayas sido grosero, simplemente expresaste lo que pensabas y eso es más que comprensible, ustedes, habitantes de este mundo, tienen esa facultad.— Me incorporé un poco, para poder contemplarle el rostro. —Dime, ¿con qué facultad extraordinaria te ha agraciado Dios? ¿Qué es ese poder que emana de tu cuerpo? No eres un simple humano, ¿verdad? Quiero conocer más acerca de ti.
»¡Oh! Pero que grosero. No he preguntado cómo te llaman, mi nombre es Keneth, ¿te molestaría decirme cuál es el tuyo, cielo?

Le dediqué una amplia sonrisa, apoyando mis brazos sobre su pecho y mi mentón arriba de ellos.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Mar Ene 13, 2015 6:32 pm

Antes de que el brujo aprisionara al ángel entre sus brazos, sucedió algo que le oprimió su pecho. Una sensación que no había experimentado en un par de años.

Mucho tiempo había ya pasado desde que la mirada llorosa de un ser fue capaz de despertar sentimiento alguno en Saffir, y es que ver los ojos azules de ese bello ángel terminó estremeciendo al pelinegro al punto de que la culpa le colmó ¡Demonios! Sabía que debilidad hacia lo puro tenía, pero ¿En qué momento había desarrollado esa misma debilidad en lo emocional? Fue inevitable para el árabe no sentirse frustrado ¿Desde cuándo se permitía el tan siquiera sentir aquello? La culpa no era un sentir que en su ser debería tomar lugar, a parte, no comprendía bien el motivo de esas lágrimas cristalino ¡Sino había hecho nada malo! Solo expresó su verdadero sentir que, por cuestiones de una sincera y bella mirada traslúcida plagada de dolor, había cambiado ya. No lo pudo evitar. No pudo controlar su forma diaria de ser, pero tampoco pudo drenar blandura ante lo inmaculado ¿Qué podía hacer el joven en contra de su propia debilidad? Observó al ángel, aún atónito, y fue cuando en una fusión de mágico egoísmo y culpa, lo atrajo a sus brazos, negándose a la opción de soltarlo.

Lo cierto era que, por unos momentos, Saffir sintió repugnancia hacia sí mismo por querer profanar una pluma de esas espléndidas alas; fue así como que con sutileza, el brujo se perdió un par de segundos en los gestos puros del quien, en apariencia, más joven era.

De repente, se sintió nervioso al ver que ese ángel se aferraba a su pecho, más solo fue durante unos momentos, porque el portador del extravagante ropaje pareció volver a la realidad con el comentario del ángel, o mejor dicho, la pregunta que le formuló “¿Con qué facultad extraordinaria te ha agraciado Dios?”. Oír aquello le hizo sentir que su estómago le daba un pequeño vuelco, vamos, que era un brujo y no un mago. Sí Saffir estaba interesado en una de esas agraciadas plumas, debería mentir para lograr su cometido. No podía permitirse que por una estúpida debilidad, su forma de ser y de pensar cambiara en su totalidad.

¿Dónde había quedado su oscuro sentido del humor? ¿No se suponía que la muerte, la destrucción y el sufrimiento significaban un gran deleite para el hechicero? ¿O es que acaso ya se iba a ablandar por un ángel del montón? Si ese chico hubiera sido de todo menos un ángel, ahora estaría aguantándose las carcajadas por la gran diversión que aquello le hubiera supuesto. Sí tal situación se le hubiera presentado con alguien “impuro” pero de buen corazón, el joven ya se habría burlado por tan patética reacción.

¿Humano yo? Creo que fui más afortunado —le respondió casi en un tono muy bajo de voz, esbozando una suave sonrisa que, curiosamente, sincera era—, nací hechicero y hechicero moriré —contempló con un deje de admiración en su mirada la forma en la que ambos cuerpos se veía rodeados por la pulcras alas del ángel, y admirando la belleza del momento, se sintió afortunado. No todos tenían la oportunidad de verse envueltos por unas celestiales alas con un propietario de belleza sin igual—. Un placer, Kenneth —asombrado de que le llamara cielo como si de una pareja se tratara, prosiguió a presentarse tal y como le había pedido— ¿Cómo podría molestarme? —y aprovechando la situación y cercanía entre ambos, las manos del oscuro se dirigieron al arma de vuelo del celeste joven, acariciando así como en técnica de entretenimiento, las bellas y divinas alas del enviado divino—. Son espléndidas… —susurró—; Saffir, un placer.

Estaba embelesado, así que fue inevitable. No podía aguantar las ganas de tocar el largo de llas plumas; sintió que una pequeña agitación le recorrió, pero ahora no por culpa, sino por el poder que mediante las plumas percibió.

La despeinada sensación del nacimiento pareció tener la capacidad de mandar una especie de toques, porque eso fue lo que el brujo sintió. Un involuntario pero discreto escalofrió le recorrió de pies a cabeza tal demostración de vigor.

Quería más de un pluma. Anhelaba un poco de ese purificado y celestial poder.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Miér Ene 14, 2015 12:56 am

Mis azulados ojos se abrieron de par en par. Era la primera vez que me topaba con un hechicero, pero no podía juzgar por ello a mi suerte, pues hacía poco que había llegado a este mundo y apenas me acostumbraba a todas las maravillas que los hombres habían logrado, a todas las hermosísimas creaciones que Dios había legado en su tierra.

Pero, ¿qué tipo de cosas hacía un hechicero? ¿Qué clase de habilidades sobrenaturales poseía? Así como todo humano, los mágicos contaban con poderes únicos y personales, me daba curiosidad aquel joven, me intrigaba el porqué de su vestimenta o la longitud de su cabello, aquel dulce acento con el que se dirigía hacia mí e, incluso, la razón por la que me contemplaba con unos ojos tan brillantes, con tan profundo anhelo.

Cuando mi nombre fue pronunciado por sus labios algo en mi interior se encendió, como si con el simple hecho de mencionarlo hubiese invocado a un antiguo hechizo, uno que me daba el derecho de pertenecer a la noche, al parque a nuestro alrededor, a la existencia terrenal y al mundo que mi Padre había originado.

El contacto de las manos del joven moreno sobre mis alas hicieron que mi cuerpo entero se estremeciera, no estaba adecuado a aquella sensación y mis mejillas tomaron un tinte rosado, pues mis pensamientos se encontraban difusos.
Sacudí mi cabeza, levantándola con levedad y volví mi atención al chico que acababa de revelarme su nombre.
—¡Saffir! Qué bonito nombre.— Mencioné volviendo a rodearlo por los hombros con mis brazos.

Pero Saffir no parecía prestar mucha atención a mi persona en general, había algo que le distraía, algo que estaba redireccionando sus sentidos.
Su contacto sobre mis alas me ponía algo nervioso, pero no quería ofenderlo de forma alguna; simplemente me incorporé, acabando por sentarme sobre su cuerpo, con ambas de mis piernas a los costados del mismo. Le miré con detenimiento, obsequiándole la más cálida de mis sonrisas.
—¿Te agradan mis alas? Fueron un obsequio del Padre para mí y mis tres hermanos... Él quería que cumpliéramos una misión, pero supongo que los tiempos de Dios dictaron que no fuese entonces y sea ahora, ¡quizá estoy aquí para ayudar a alguien como tú! ¿Cómo podría ayudarte?— Mis ojos brillaron expectantes y mis manos se cerraron sobre mi pecho, quería saber, realmente quería poder ayudarle.

Apenas hallaba palabras para describir mi afecto para con todas las iluminadas creaciones del Altísimo, mi intriga comenzaba con el suelo, seguía con los árboles, el césped, las flores; luego se hallaba el cielo, al que siempre acababa contemplando cuando buscaba divisar el follaje en los altos bosques; le seguían las aves y los animales, tan bellas criaturas, tan vivas, tan latentes y divinas; pero, aquello que embelesaba a mis ojos, que infundía calor a mi pecho, aquello eran los humanos, sus hijos predilectos, a quienes había creado con todo su amor, a su imagen y semejanza, a los que había brindado sabiduría y el dominio de su mundo.
¿Cómo no sentirme, entonces, atraído por la belleza y dones particulares del joven que se hallaba frente a mí? ¡Quería conocerlo! Si podía ayudarle, si podía enseñarle y brindarle afecto, ¿no estaría ayudando así, a mi Padre? ¿No sería capaz de experimentar todo aquello que era nuevo para mí? ¡Yo quería brindar amor! ¡Cariño a todas las creaciones! Para que recordaran que su Señor no los olvidaba nunca, que eran suyas y Él de ellas.

Pensando en tanta variedad de cosas, el rocío comenzó a cubrir la superficie de mi piel, aquella agua helada que descendía en las noches para cubrir el mundo y desearle dulces sueños. ¿Podía yo crear un líquido tan perfecto? Las pequeñas gotas se acumularon en la palma de mi mano y comenzaron a bailar en el aire, entibiándose y adquiriendo personalidad propia. Sonreí antes de devolverlas a la tierra y retornar mi completa atención al joven frente a mí, quería oír su respuesta a mi pregunta.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Miér Mar 11, 2015 9:31 pm

La manera en la que los azulados ojos del ángel expresaron su asombro fue un gesto que le pareció particularmente lindo. Los seres que se pasmaban por las pequeñas cosas de la vida eran muy contados, e inclusive, parecía ser que estaban en peligro de extinción y que Saffir era uno de los pocos afortunados para poder estar conociendo, nada más y nada menos, a un ángel que poseía aquella adorable particularidad.

Al parecer, el chico no conocía mucho de la tierra, o mínimo su forma de reaccionar y expresarse le estaba delatando. Pese al egoísmo que estaba poniendo en práctica, podía atreverse a decir que disfrutaba de un agradable momento. No era el primer ángel que conocía, pero si era el primero con el que  llegaba a familiarizarse tanto. Es decir, un ángel no se sentaba en tu regazo todos los días, ni siquiera un ser que podría ser considerado convencional. Lo cierto era que, la simple presencia del joven le tranquilizaba, como si cualquier especie de estrés residente en su interior se disipara ante el aura que su acompañante desprendía.

Sin embargo, notó que la caricia propiciada al ala de Kenneth había provocado un discreto nivel de incomodidad. No había imaginado que la sensibilidad en esa zona podía ser tan similar como la de la espalda. Tenía la creencia que para el propietario no existía sentir alguno y que, simplemente, era como tocar el cabello de alguien. La vaga idea de arrancarle unas cuantas plumas de su ala ya no era fiable, aunque bueno ¿Cómo es que no lo había pensado antes? Resultaba obvio que dolería. Tal vez, si se la pasaba acariciándolas en dirección a su nacimiento, alguna de éstas podría caer, pero bueno, tampoco quería que el chico se incomodara más de la cuenta ante tanta caricia, incluso podía sentirse como algo más íntimo para ellos ¿Qué iba a saber él?

No obstante, Saffir sonreía con sinceridad. Incluso, en alguna parte no muy profunda de él había despertado un ligero nivel de ternura en cuanto vio la tierna reacción del otro. Un suave rosa palo hizo acto de presencia en las manzanas de sus mejillas, esto no hacía más que acrecentar la positiva opinión que el hechicero tenía sobre él.

Una parte suya se enojaba. Sabía bien que todo aquel ser relacionado a la luz le debilitaba, porque, sin que el ángel lo supiera, estaba atacando a un nivel psicológico al pobre hechicero.
¿En serio lo crees? —le apreciaba curioso. La confianza que le había demostrado en cuestión de segundos le sorprendía. Cualquier chico homosexual que estuviera en sus cabales habría aprovechando de la ocasión, viéndolo como una única oportunidad—, ¿Qué si me gustan? Son preciosas, un regalo envidiable —comentó, parte realidad, parte mentira. Solo estaba interesado en hacerse de una bella pluma, tan llena de poder y de pureza; con tal solo la fibra podría hacer numerosas pociones y venderlas a un alto precio. Cuando el joven se incorporó, Saffir imitó su acción, apoyando sobre sus codos, relajándose.

Pero oyó la conclusión a la que el propio chico llegó, lo cual le hizo sonreír. La oportunidad se estaba abriendo frente a sus ojos, tenía que aprovecharla de alguna u otra manera.
¿Ayudarme?... ¿En serio estarías dispuesto a proporcionarme de tu ayuda?... —cuando quería, podía transformarse fácilmente en un ser completamente distinto a como es en realidad. Sabía que la bondad y voluntad del chico que tenía en frente superaba a la de cualquier ser promedio dispuesto a ayudar. Al fin y al cabo, era nada más y nada menos que un ángel, pertenecía a una de esas criaturas tan agraciadas y esculpidas a la perfección por la mano bendita de su creador. Por supuesto, comparándolo a Saffir, no era nada tan siquiera similar al exótico físico de Saffir, aunado a su despiadada personalidad. Era una auténtica lástima que aquel pequeño no fuera a ser tratado con la honestidad que se merecía. Al parecer, era un dulce ángel que desconocía lo sucias que las razas podrían llegar a ser.

No esperaba el roció, le agarró por sorpresa. Las suaves pero frías gotas de agua cayeron sobre su rostro, abdomen y brazos, provocando que un estremecimiento involuntario le recorriera, pero con un poco de molestia se sacudió las mismas, especialmente las de su abdomen que lo habían humedecido.

No me gustaría ser una molestia... No podría... —susurró con relativa suavidad, acompañando este gesto con una fingida mueca de preocupación, teniendo ésta profana acción el único propósito de asegurar una repuesta positiva, esperando que una dispuesta actitud se mostrara por parte del ángel.
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Re: Hijo de la noche

Mensaje por Invitado el Lun Mar 23, 2015 9:36 pm




Hijo de la noche
Con Saffir | En el Patio Principal


Pude percibir la incomodidad de Saffir cuando se limpió las gotas de rocío, comprendí que mi aprecio por el elemento agua no era compartido por todos los seres, más tratándose de una situación como la corriente, aquella humedad sutil que comenzaba a invadir el ambiente, las gotas que se acumulaban sobre el césped se percibían gélidas sobre la piel y mi adorable acompañante no parecía disfrutar de aquel sentimiento. Con sutileza extendí mis alas, rodeando nuestros cuerpos y rompiendo, de ese modo, con la corriente de viento que, al colisionar contra nuestros cuerpos, aceleraba el proceso de pérdida de la calidez. Mis plumas albinas habían formado un muro a nuestro alrededor, la suavidad de su conformación hacía cosquillas pero, a su vez, infundía calidez; el único aspecto de la realidad que nos estaba permitido divisar era el cielo, un firmamento que perdía luminosidad a cada instante, despertando a las estrellas de su sueño diurno.

Clavé la mirada en el rostro de Saffir cuando éste comenzó a lamentarse, mi ojos se humedecieron y mi pecho se contrajo ante la visión de tal expresión; extendí mis brazos hacia él y le rodeé por el cuello con gentileza, atrayendo su rostro hacia mi hombro y escondiendo el mío en su cuello.
—Nada que pidieras podría presentárseme como una molestia, Saffir, permíteme concederte algún deseo, cumplir con un favor, para eso vine a este mundo, para servir a los hombres y tú, a quien quiero, eres quien más merece mi servicio.

Permanecí algunos minutos sin distanciar nuestros cuerpos, resignándome al final a apartarme de él. Retornando a mi posición original, con el torso erguido paralelo al suyo, con las piernas flexionadas y posicionadas a los costados de las suyas, mis ojos azulados clavados en los de él.
Extendí mi brazo derecho y posé mi mano sobre su mejilla, con mi pulgar le acaricié y esbozando una sonrisa que le perteneció por completo, asentí con la cabeza.
—¡Cualquier cosa que esté a mi alcance, lindura! No muestres esa cara, rompes mi corazón.

Me preguntaba qué era aquello que deseaba y no osaba pedir, temí por un instante no encontrarme capacitado para ofrecerle una respuesta, pero si había algo de lo que estaba seguro era de que haría mi mejor esfuerzo por conseguir satisfacer su petición. Algo en él me inquietaba y al mismo tiempo atraía mi curiosidad, su actitud se presentaba acogedora y su voz se me hacía melodiosamente gentil, agradecía al Señor por haberme permitido encontrarme con Saffir aquella tarde, aunque el felino doméstico hubiese escapado, había logrado hallar a otra de sus más magníficas creaciones.



Aasdfg :3:
Perdón por la tardanza, ahora que volví a la escuela no tengo tiempo de nada 8D pero bueno, te la aguantas, pues soy tu padre (??.
PD: me gusta ese ava, sensual como su papi owo (?
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Re: Hijo de la noche

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