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Tomoe, el zorro {ID}

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Tomoe, el zorro {ID}

Mensaje por Invitado el Miér Oct 10, 2012 5:57 am

Nombre: Tomoe
Apellido: Mikage
Sexo: Masculino
Edad: 17 años (Edad real: Desconocida, pero ronda por los 100.)
Orientación sexual: Bisexual
Raza: Kitsune / Zorro (Cruzado con un demonio pero la parte que más predomina es la de zorro.)
Grado: Segundo grado

Descripción física:
- Altura: 1’75 metros
- Color de ojos: ámbar, aunque en ocasiones se vuelven violáceos.
- Color de cabello: Plateado.
- Tez: Pálida
- Contextura: Cuerpo esbelto, no demasiado musculado pero tampoco nada raquítico, digamos que está en perfecta forma y que es agradable a la vista. Por su aspecto parece alguien no demasiado fuerte, pero las apariencias engañan bastante. Posee una buena fuerza.

Su cabello es liso. De su cabeza asoman unas graciosas orejas puntiagudas del mismo pelaje. Generalmente su cabello es corto -más por delante que por detrás-, dejando su cogote completamente al descubierto. A veces, cuando se lo deja largo le llega a la cadera. Sus párpados están adornados por unas largas y espesas pestañas plateadas. Ojos rasgados y pupila afilada.

Su piel es tersa y suave, sin ninguna imperfección. De rostro fino pero varonil. Labios carnosos, nariz pequeña y respingona. Uñas largas, dedos finos y largos. Una esponjosa cola adorna la parte baja de su espalda, demostrando con ésta su estado de ánimo al igual que sus orejas. Generalmente viste con kimonos pero en ocasiones se viste con ropa normal.

Descripción psicológica:

La mayor parte del tiempo se las pasa de mal humor. Es desagradable, le importa un bledo los demás, se preocupa sólo de sí mismo, los demás que se las apañen solos. No ayudará a nadie que lo haya traicionado antes de alguna forma, tampoco a quien lo haya molestado. Este carácter fue forjado a causa de lo sufrido en su infancia, siendo desconfiado con todo el mundo. Desconfía más de aquellos que lo tratan bien sin venir a cuento, piensa que lo traicionará como lo hicieron antaño. Generalmente es tranquilo, se le puede encontrar perfectamente tumbado en cualquier lugar cómodo. No le gusta moverse demasiado si no es estrictamente necesario. Es curioso a más no poder.

Es muy expresivo, lo dice todo con la mirada y con las facciones, a veces no le hacen falta las palabras. Cuando las usa el cruel, si hace falta insultar a una persona lo hará. Le importa poco que llore a causa de sus palabras, es más, le gusta que lloren. Disfruta con ello, de hecho es capaz de provocar el llanto ajeno.

Evita por completo el contacto directo con cualquier desconocido, no lo soporta, apartará bruscamente a esa persona, a menos que él mismo busque el placer ajeno. Cuando lo enfadan se vuelve aún más agresivo y sádico, mostrando sus afilados colmillos y garras al contrario. En estos casos también puede informarte las mil formas en las que piensa torturarte en cuanto te pille. Si no le ordenas con voz firme que pare no lo hará. Cuando se enfada no es él, pierde por completo el control de su cuerpo y de su mente. Con este carácter no creo que haga falta decir que es un malhablado. Es muy directo, no le gusta dar rodeos. Si alguien no le gusta – en ese momento-, se lo dirá a la cara, sin el más mínimo tacto.

En cuanto conoce algo más a alguien se carácter cambia un poco, se vuelve algo más sumiso pero sigue siendo igual de desagradable, cruel e irritable fácilmente. No concibe la idea de enamorarse, sólo la idea del placer sin sentimientos. Al conocer a alguien mejor se vuelve un tanto más protector, mas no demuestra con palabras que realmente se ha preocupado por dicha persona. En ese sentido es orgulloso y altanero. Es egoísta y caprichoso. Duro de mollera, cuando algo se le mete en la cabeza no hay persona que logre hacerlo cambiar de idea, es más, lo ignorará por completo.

Si alguna vez consigue enamorarse de alguien cambia casi por completo. Demuestra su preocupación por dicha persona. El cariño no lo demuestra tanto, lo hace inconscientemente con actos, pero no con palabras. Es totalmente fiel a su amo o ama. No coqueteará con nadie. En cuanto deje de ser su pareja se volverá todo un Don Juan, sólo si desea placer, mientras tanto será igual de desagradable que siempre. Es muy celoso y posesivo, incluso si no está enamorado, pero el hecho de que tenga amo o ama ya lo considera de su propiedad y que sólo él puede tocar.

No se suele enfermar demasiado, pero cuando lo hace, al tener fiebre alta se desmaya. Tampoco se deprime con facilidad, sólo lo hará si de verdad está enamorado y a esa persona le ocurre algo. Tal si es por infidelidad se enfadará y al cabo de unos días se mostrará ausente, con la mirada perdida en el infinito, pero raramente llora.

Pero a pesar de todo sabe comportarse en cualquier momento.

Historia:

Spoiler:
Su historia transcurrió hace cientos de años.

Unos robustos árboles y un verde follaje rodeaban al joven Tomoe cuando su madre lo dio a luz, una zorra común. El aspecto del joven zorro era distinto a los demás, su pelaje era plateado. Su padre había desaparecido, fue criado por su madre y la manada, no lo discriminaban por ser distinto a ellos. Todos vivían en paz. Lo único malo fue el hecho de que era un niño bastante enfermizo, a la primera de cambios, con el más mínimo aire frío se resfriaba, dándole fiebres altas e incapacidad para mover un solo músculo. Era un grave problema teniendo en cuanta que no poseían mantas que los abrigase, así que su madre hacía uso de su propio calor corporal para abrigarlo por así decirlo.

El invierno entró en pleno apogeo, no podían quedarse en las cuevas que habían habilitado para pasar la anterior estación, debían buscar un lugar más cerrado. La madre de Tomoe lo cogió en brazos y junto con los demás zorros recorrieron el bosque, encontrando tras varias horas de camino un ruinoso templo que al parecer habían abandonado. Era un buen edificio para quedarse en una época de frío y humedad. Gracias a la calidez que les brindaba en templo, el joven zorro plateado pudo restablecer su salud, pero en cuanto salía a jugar con los demás, pasado un tiempo volvía a enfermar. Por ende pasó una triste infancia sin poder jugar con sus compañeros. Se pasaba todo el día con su madre y los demás adultos, escuchando os problemas que los demás críos ignoraban por completo. Digamos que gracias a esto, Tomoe, se fue haciendo más maduro.

Un fatídico día el templo fue atacado por cazadores, más de la mitad de la manada fue aniquilada, incluida la madre del joven zorro plateado. Éste logró escapar escondiéndose bajo los tablones del suelo. Asustado, presa del pánico, no era capaz de emitir grito alguno, ni siquiera le fue posible derramar una sola lágrima. Los ríos de sangre caían por las rendijas que dejaban las tablas mal colocadas, manchando las ropas de Tomoe. Con sólo 6 años presenció la muerte de todo lo que había sido su familia. Cuando la matanza acabó y todos los cazadores se marcharon salió de su escondite, encontrándose con los cadáveres de varios de sus compañeros. Algunos fueron llevados por los cazadores y así aprovechar sus pieles. Buscó desesperadamente el cadáver de su madre pero no lo encontró, aquellos hombres se lo habían llevado.

Se había quedado completamente solo. Abandonado. Sin familia.

Cuando el sol se puso y la luna reinaba los cielos, de su garganta salió un agudo y sonoro aullido de dolor, con la esperanza de que alguien lo escuchase. Fue escuchado, sí. Pero por la persona menos deseada en ese momento. Tomoe, sentado en el suelo, desconsolado, llorando la muerte de sus compañeros sin consuelo alguno, divisó una silueta en la entrada del templo. Esperanzado se levantó con la poca fuerza que le quedaba y corrió hacia él con los ojos llenos de lágrimas. Una vez que enfocó la silueta frenó de golpe, paralizado. Era de nuevo el cazador que asesinó a todos. Estaba perdido. El miedo le invadió por completo el cuerpo, su corazón latía con fuerza y a un ritmo alarmante. Sintió la garganta seca, no se atrevía siquiera a tragar saliva. Retrocedió unos pasos y echó a correr, pero el hombre lo atrapó. Gruñó y pataleó todo lo que pudo hasta que le asestó un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente.

Cuando se despertó se encontró en una mesa de frío hierro, como las que hay en los veterinarios. A su alrededor se podían divisar aparatos que desconocía completamente, instrumentación médica. Trató de moverse y se encontró con que no podía, estaba atado a la mesa. Eso lo único que provocó fue que se volviera mucho más agresivo. Cuando uno de los médicos fue a hacerle unas pruebas, el joven zorro le asestó una fuerte mordida. Clavó sus afilados y pequeños colmillos en la piel del hombre, haciendo presión para así no abrir la mandíbula. Actuó como una ventosa. La sangre que emanó de la herida no hizo más que enloquecerlo y volverlo más furioso, revolviéndose en la mesa hasta que otro sanitario lo pilló por sorpresa y le suministró un fuerte calmante. La mandíbula del zorro se fue aflojando hasta que soltó por completo el bocado. Los párpados se le iban cerrando, ya no sentía el cuerpo. Cayó en un profundo sueño del que despertó al cabo de unas horas. Se encontraba en una habitación con un bozal. Al otro lado de la puerta se podían escuchar varias voces y se podían distinguir varias siluetas. Hablaban de él.

Una de las siluetas se mostró delante de él y lo miró.
Gruñó.

Tranquilo, no te voy a hacer nada.

Esas palabras taladraron sus tímpanos. No lo creía, por lo que su gruñido se hizo más audible y amenazador. En cuanto le retirase el bozal atacaría sin pensarlo.

¿Cómo te llamas, pequeño? ¿Me morderás si te quito el bozal?

Sus ojos lo miraban con furia. El hombre acercó las manos al zorro y éste emitió un gruñido si cabía más fiero. Como un perro rabioso. Echó las orejas hacia atrás, frunció el ceño, como queriendo decir: “Como sigas acercándote más te hago pedazos.” Pero lo inesperado llegó ahora. El hombre se atrevió a pasar la mano entre las orejas del zorro y acarició con suavidad ésta. El tacto misteriosamente se asemejaba a como su madre lo acariciaba cuando estaba enfermo. Con la misma dulzura que ella. Eso lo desconcertó.

¿Ves? No te voy a hacer nada.” Sonrió de forma agradable el hombre.

El zorro milagrosamente se tranquilizó, ya no gruñía. Sus ojos entornados se abrieron para observar mejor al hombre que le regalaba esa sonrisa y esa caricia. Extrañamente se sintió protegido, tanto que las lágrimas brotaron de sus ojos. El hombre le retiró el bozal y el chico rompió a llorar ruidosamente. Como nunca. Se aferró a la bata blanca del hombre cuando fue liberado de las ataduras que le impedían el movimiento en sus manos.

¿Me dirás ahora tu nombre, pequeño?

Ahora sus palabras acariciaron sus tímpanos. Alzó el rostro húmedo y lo miró a los ojos. Abrió los labios y dejó escapar en un susurro su nombre: Tomoe. Acto seguido el hombre se levantó y lo maniató de nuevo, colocándole también el bozal. El joven zorro no comprendía nada de lo que estaba pasando, se encontraba totalmente desorientado. Sus ojos lo demostraban.

Después de ese incidente pasaron al menos 6 años, el joven zorro ya tenía 12 años. Había crecido hasta convertirse en un magnifico ejemplar. A pesar de los tratos en aquel lugar su pelaje era de un hermoso tono plateado. Su cabello creció hasta prolongarse a la altura de sus caderas. Se resignó por completo, se había percatado que permanecer constantemente en ese estado agresivo no le servía de nada, así que se volvió algo más sumiso, pero cuando lo molestaban de sobremanera no se quedaba quieto. Mordía sin soltar bocado. No se llevaba bien con casi nadie, sólo con el hombre que logró tranquilizarlo con solamente acariciarlo entre las orejas.

Otro problema llegó.

Aquel hombre irrumpió en la estancia junto con dos hombres más, éstos no portaban batas blancas, sino que llevaban armas tales como porras y pistolas. ¿Quiénes eran esos tipos? Se preguntó el zorro frunciendo el ceño y gruñendo furioso. Fue vendido y se lo iban a llevar. El hombre poseía otra mirada, no sentía pena por el chico. Lo había traicionado.

Llévenselo.” Ordenó el médico y los hombres armados tomaron al zorro de los brazos y lo arrastraron por la estancia. En su mente insultaba vilmente al médico, maldecía su estampa.

Fue llevado a un mercado clandestino de una ciudad que él desconocía. Eso fue con 12 años. Los años siguientes hasta que cumplió 17 estuvo encerrado allí, intentando escapar de aquel lugar. Lo único que consiguió fue que lo encerraran en una celda en la que apenas entraba la luz del sol. Esa puerta no se abría para nada. Ya no podía escapar, sólo le quedaba ser vendido como un vulgar objeto para poder marcharse de ese lugar. O al menos eso pensaba él. Tenía un plan para escapar de ese asqueroso lugar. Un guardia de aquel lugar cometió la imprudencia de dejar la puerta abierta, la naturaleza violenta del zorro afloró y arrasó con todos aquellos que se cruzaban en su camino impidiendo su marcha. Al fin salió de allí. Quiso escapar de la ciudad, pero le fue prácticamente imposible, estaba malherido, no era ya capaz de dar un paso más. Sin apenas sentir el cuerpo se desmayó en un parque alejado del mercado clandestino. Ya había llegado su hora.

Su sorpresa fue que abrió los ojos, y nada más y nada menos que en un templo parecido al que se refugiaron a causa del frío. Sonrió. Todo había sido un sueño, una mala pesadilla… Pero había sido todo tan real… El dolor… El sufrimiento… La angustia… Fue a incorporarse y un agudo dolor azotó su cuerpo, obligándolo a que se acostara de nuevo en la cama. Emitió un ahogado quejido y un hombre apareció en su campo visual. Era un joven de cabellos largos y castaños. Parecía tener un rostro amable, mas no le agradó en primer momento, como era obvio desconfiaba de él y de toda persona. Le gruñó y se alejó lentamente del joven, pronunciando unas palabras: “No te acerques.”

Al cabo de unos días de convivencia con el hombre, Tomoe logró confiar algo más en él. Su carácter sufrió un cambio repentino, no quería que nada le ocurriese, era posesivo con él, si se acercaba a cualquier persona, ya fuese hombre o mujer; se enfadaba. Pero desgraciadamente llegó la hora en que se tuvo que separar de él. El hombre se iba de viaje de negocios, al menos eso le dijo. Tomoe, como buen chico, se quedó en el templo esperándolo durante años hasta que se dio cuenta de que no volvería jamás. Maldijo su estampa. Aún a sabiendas de que no volvería jamás, se quedó en el templo, cuidando de él. Al menos tenía una casa. Algo era algo.

Los años pasaron con normalidad, sin ningún percance, hasta que sin comerlo ni beberlo y gracias a los contactos de ese hombre hizo que Tomoe estudiase en la academia Greenlight. Ese hombre al parecer deseaba lo mejor para el zorro, así que tomó un avión y se dirigió a dicha academia que se encontraba en Australia. El hombre que curó sus heridas le había comentado que en esa academia convivían diferentes razas y que gracias a eso, puede que el zorro se integrase más en la sociedad en lugar de permanecer aislado del exterior.

Extras:
         
Gustos:
          -Cocinar, es un excelente cocinero.
          -Leer.
          -Escuchar música clásica, lo relaja.
          -Hacer llorar a los demás.
          -La naturaleza.
          -Que lo mimen –esto es secreto-
          -El sexo.
          -Beber, en especial sake. Claro que lo hace a escondidas de los demás.
          -Molestar a los demás, le encanta cuando saca a alguien de quicio.

          Odios:
          -La traición.
          -Que lo toquen cuando él no quiera.
          -La infidelidad.
          -Que lo despierten cuando más profundamente dormido está.
          -El ruido excesivo.
          -Que le griten en el oído.
          -Que le toquen la cola.

-Siempre lleva consigo un abanico, mas en las clases, como es obvio no lo usa, sólo lo hace cuando se encuentra en las afueras o en la intimidad de su casa. Al igual que en su casa se viste con ropa tradicional japonesa, según él está mucho más cómodo.

Habilidad:

-Es capaz de generar flamas gracias a su parte demoníaca, pero son demasiado débiles, apenas llega a quemar a alguien. Es un poder útil en algunas ocasiones. Sólo puede usarlo 3 veces por tema.
-Oído: Su sentido de la audición está bastante desarrollado, pudiendo oír aquello que para otros es completamente inaudible.

Debilidad:

-Es débil ante el elemento agua, cualquier gota de agua apaga las flamas que genere.
-Los sonidos agudos lo irritan y marean considerablemente, siendo un blanco bastante fácil de atacar. Este tipo de sonidos incluso lo inmovilizan.

Imágenes:
Spoiler:



Procedencia:
Tomoe – Kamisama Hajimemashita

"God Palace"
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Re: Tomoe, el zorro {ID}

Mensaje por Invitado el Miér Oct 10, 2012 9:44 am

Ficha Aceptada

Bienvenido al foro Tomoe, pasa por los registros.
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