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Detestable trabajo nocturno

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Detestable trabajo nocturno

Mensaje por Invitado el Mar Mar 17, 2015 7:04 pm

Después de que su superior le hubiera explicado la manera o técnica para podar árboles, Keip tenía la obligación de continuar con el trabajo. Nunca antes había realizado aquello, mínimo no de una manera en la que el resultado final tuviera que ser estéticamente aceptable, sin embargo, desde que el mayor había dicho que tenía que subirse al árbol, la cosa ya estaba complicada. Y si se le aunaba que era de noche, uff...

La habilidad que Every tenía para escalar o cualquier cosa relacionada a agilidad era, prácticamente, nula. De pequeño su diversión era estar en el agua o hasta en la simple bañera que se usaba cada tanto en aquel entonces. A penas y veía la luz del sol, no solía separarse de su señora madre, porque siempre se encontraba deseoso de otorgarle la compañía de la que, según el pequeño tritón, tanto necesitaba ya que el padre de Keip siempre se encontraba en el mar, navegando, descubriendo y saqueando tierras. Cada que regresaba era para disfrutar de su bella esposa y de su querido hijo, y por supuesto, aprovechaba a surtirles de dinero y demás adquisiciones.

El tritón no había tenido la oportunidad de vivir su infancia como la idealizada, así que, los conocimientos básicos de “como escalar un árbol” estaban ausentes de su memoria en vista de que nunca habían residido en ella, a parte ¿Cómo había su superior dicho que se utilizaba la cizalla, las sierras y las tijeras podadoras? Cada una tenía su propio propósito o fin, pero solo tenía vagos recuerdos de ello. No había estado distraído, de hecho, Keip puso toda la atención que pudo, solo que fue mucha información que asimilar.

Por el momento, solo tenía que recortar las ramas dañadas y las que sobresalían de la forma redondeada que se le había otorgado de manera previa al árbol. No era tan complicado, pero las tijeras para podar terminaban por ser bastante pesadas, sus debiluchos y escuálidos brazos no las aguantaban fácilmente. Ignoró el peso y suspiró, no podía perder el trabajo solo por ser débil ¡Vamos! Que para una persona como él, aquello resultaría catastrófico. Dejar ir el trabajo que había conseguido no era un lujo que un ser común y corriente como él pudiera tomarse. Habrá nacido entre riquezas, profanas, pero riquezas, sí, sí… Fue rico, podría decirse, pero tal riqueza perteneció a su padre, no a él, y su padre fue un famoso pirata conocido por haber huido con todas sus adquisiciones. No murió ni fue atrapado, pero su progenitor se fue con su madre, dejándolo atrás. Keip no tenía rencor ni nada, era solo que había luchado fuerte por lo que tenía, así que no podía andarse quejando de lo pesadas que eran las tijeras.

Decidido a lograrlo, tomó tal artefacto con una mano para poder ayudarse con la otra y escalar el árbol. Tampoco era una cosa gigante, de hecho, el tamaño de este era muy promedio. Solo que para Keip era todo un reto. Mínimo tenía, lo que podría decirse, las agallas. Ya era un avance.

Arbolito, tu y yo tenemos un problema serio que superar —rasparse sería complicado gracias al uniforme que portaba, el cual era de manga larga y pantalones, nada favorecedor, pero tampoco tenía el propósito de serlo. Con la herramienta en mano dio lo que sería un suave brinco, impulsándose hacia arriba para así aprovechar y colgarse de una rama no muy delgada. Entró en pánico al no encontrar una segunda rama para sujetarse, así que se agarró de la misma, moviendo primero sus pies y luego se sujetó de un tronco que se encontraba más arriba. Las tijeras estaban complicando todo, y es que con esas simples acciones ya estaba cansado.

Jadeó un poco ante el cansancio, repitió el mismo patrón una vez más y finalmente logro sentarse en el árbol. Se tomó unos minutos para descansar. No estaba ni a más de tres metros del suelo, pero para él ya resultaba bastante aterrador. Inclinó su cuerpo hacia delante, recortando una de las ramas ya maltratadas, permitiendo que ésta cayera el suelo.
Todo iba bien, sorprendentemente bien. Solo hubo unas cuantas ocasiones en las que casi perdía el equilibrio, pero siempre lograba agarrarse. Necesitaba práctica.

Sin embargo, todo se fue al demonio cuando en una ocasión le falló, le falló tanto que por cuestiones del destino, su dedo pulgar acabó con una cortada. Ni siquiera lo vio venir, pero un desesperado intento de sujetarse, acabó cerrando las tijeras en la rama, atacando su pobre pulgar en el proceso. Aunque el dolor no era tan intenso ni comparable a otras heridas, continuaba estando presente. La sangre emergió con rapidez de aquella parte de su anatomía. Apoyó rápidamente las tijeras y comenzó a ejercer fuerza sobre el dedo. Frunció el ceño y cerró los ojos con cierta fuerza. Keip era muy susceptible al dolor.

Ay, ay, ay… —miró la herida. La sangre comenzó a salir a borbotones, o cuando menos así es como Every lo visualizaba. No iría a la enfermería por esa herida, pero mínimo tenía que cubrirla para que no se infectara y de pasadita apretar la herida. En lentos movimientos intentó bajar del árbol, pero fue a la mitad que no tuvo de donde sostenerse y cayó a dos metros de distancia. Volvió a quejarse, su retaguardia lo resintió—, ughr… Eso dolió…

Necesitaba un pedazo de tela…
¡No debían ponerle esos trabajos de noche! ¡Muchos menos si era un novato!
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Re: Detestable trabajo nocturno

Mensaje por Invitado el Lun Mar 30, 2015 4:53 am

Desde el momento que había llegado a la academia, seguía pensando que era insuficiente como para estar ahí. Es poco decir que su autoestima no era precisamente la mejor sobre su propia existencia, por eso mismo, quizás él dudaba un poco sobre que estaba haciendo ahí o si sobre en ese sitio podría encontrar alguien que realmente le llenara y le hiciera sentir vivo de nuevo. No estaba seguro de si alguien con dichas características realmente existía, pero no quería perder el tiempo con sus estúpidas limitaciones. Él estaba preparado para intentarlo, incluso si se caía mil veces, él se encargaría de que aquello funcionara.

Había llegado a la academia para dar clases sobre sus conocimientos, pero aún no había hecho ninguna de las cosas predichas por hacer. No había dado ni una sola clase, estaba un poco contrariado porque a pesar de que había intentado suavizar su apariencia lo suficiente ninguna persona se había presentado. Estaba un poco desanimado así que decidió salir a andar por otra parte, librarse de la escuela un rato podría ser aliviador para él. Dejó escapar un suspiro y salió con su mano llena de caramelos que no sabía si se comería él o si se los daría a otra persona, lo que fuera, quizás le servían para armar una conversación o para librarse de algo incómodo.

Comenzó a pensar, mientras caminaba, que posiblemente lo que generaba su falta de personas en su clase era que la había hecho nocturna, a estas horas los estudiantes estarían dormidos y realmente no les importaría su clase, así que quizás él también tendría que hacer un esfuerzo y luchar contra los rayos del sol para poder impartir su clase en un horario conveniente. Quizás eso era lo que requería hacer y no cometer estupideces como las que había pensado en primera instancia. Parecía un plan más inteligente, al menos. Ahora solamente tenía que hacer lo que tenía pensado hacer, porque convencerse a sí mismo de hacerlo era más complicado que efectuarlo. Después de todo, Alaska realmente odiaba la luz del sol.

Mientras caminaba, observo a una persona curiosamente colgada de un árbol. Se mantuvo detrás de otro de aquellas plantas y fijó su vista en aquel joven. Observó cuando quedó colgando de aquella rama, pensando en que tan inteligente sería ir a salvarle o simplemente quedarse en la posición en la que estaba, también vio cuando cayó al suelo y cuando la sangre comenzó a emerger de su cuerpo. Miro alrededor, no parecía que nadie fuera a acudir en su ayuda, por lo que decidió esforzarse y hacer algo para ayudarle. Al menos, Alaska ya tenía mucha experiencia en cuanto a primeros auxilios se refirieran. Se acercó tímido y silencioso como una sombra, le miró tétrico y murmuro, abriendo la máscara para que el sonido se filtrara.

He visto lo que sucedió, ¿podría brindarte mi cuidado?— Murmuró, intentando sonar lo más normal posible. Como si salir de la nada en medio de la oscuridad fuera algo “normal”. Lástima que Alaska no lo hiciera con afán de asustar. Sería un excelente troll.

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